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Depresión o Tristeza ¿CUÁL ES LA DIFERENCIA?

Depresión o Tristeza ¿CUÁL ES LA DIFERENCIA?
Por María del C. Fernández, M.A

La palabra depresión tiene múltiples significaciones dependiendo de la persona y el contexto en que se utilice. Por ejemplo se habla de depresión económica, de depresión clínica, de depresión atmosférica, entre otras. Nos interesa distinguir un tanto el uso de esta palabra como categoría diagnóstica de un desorden psiquiátrico. Es común en estos tiempos escuchar a personas cotidianamente referirse a si mismas como deprimidas. Muchas veces se utiliza este término como sinónimo de tristeza. El abuso de categorías diagnósticas por parte de los profesionales, es de por sí cuestionable, pero resulta aún más sorprendente escuchar a las propias gentes auto etiquetarse.

Todos en distintas instancias de nuestra vida nos sentimos tristes. La tristeza es un sentimiento de vacío que sigue a una herida o una pérdida. Sabemos que fue lo que perdimos o lo que nos hirió y es posible manifestar rabia o dolor por lo que nos hirió o por la perdida sufrida. Por ejemplo es común sentirse tristes ante la perdida de un ser querido. Pero uno poco a poco se va recuperando de ese dolor y la tristeza se disipa. Si bien la tristeza y la depresión pueden tener la misma apariencia en un momento dado, no son lo mismo. Una diferencia marcada entre depresión y tristeza es que en esta última uno pierde el contacto con el origen de la tristeza, uno no sabe porque esta triste, porque se siente mal.

Sin embargo, hay diferencias sutiles entre la forma en que se manejan, experimentan y expresan los sentimientos. También hay diferencias sutiles entre los grados de “depresión”. Uno puede estar levemente deprimido o severamente deprimido. Parece haber un continuo que va desde coraje, frustración, tristeza hasta depresión. Estas diferencias sutiles entre los estados anímicos, explican en parte el que las personas se asuman en un momento dado como deprimidas. Otro elemento que puede explicar esto puede ser la propaganda de los medios, para la venta de antidepresivos. Uno se puede identificar con los síntomas y decir “yo tengo eso”. Ahora bien quiero compartir con ustedes algunas consideraciones. Sabemos el poder de los pensamientos en curar enfermedades físicas, pero también de propiciar las condiciones para que se manifiesten. Esto es posible porque somos una totalidad, es decir lo biológico, lo psicológico y lo social se manifiestan en las personas como totalidad. Es por esto que la comprensión de uno mismo, puede estar influenciada por lo que otros nos dicen. Muchas personas que se asumen deprimidas a lo mejor realmente están tristes, muchas veces con sobrados motivos.
Otra vez la clave parece ser que en la depresión uno se siente mal, débil, sin fuerza, sin ánimo, triste pero no sabe por qué motivo. Algunas terapias de corte psicoanalítico teorizarían que el motivo se olvidó. Pero lo que la persona experimenta es mucha tristeza y falta de sentido de propósito.

Tanto si uno puede identificar el porque se siente mal, como si no puede identificarlo, el mero hecho de apalabrar lo que se está experimentando, en muchas ocasiones tiene un efecto de alivio. Es por eso, que el poder hablar de tus sentimientos con una persona te puede ayudar. En el Centro Interdisciplinario de Desarrollo Estudiantil (C.E.D.E.) de la Universidad de Puerto Rico en Cayey, estamos para ayudarte. No dudes en visitarnos si estas experimentando sentimientos de esta índole.

Los sentimientos, aún los “negativos” como el coraje, la tristeza, la frustración tienen su utilidad y pueden ser fuentes de motivación para corregir injusticias o inequidad. Es decir que casi con seguridad nos están alertando sobre algo que debemos revisar en nuestra forma de vivir la vida. Muchas de las explicaciones que buscamos están precisamente ahí en la interpretación y la escucha atenta de lo que esos sentimientos quieren simbolizar. Como dice David Viscott:

La luz que buscas está dentro de ti.
La luz es vida , es amor, eres tú.
Hállala, cuídala, compártela.
Buscarla es participar en el infinito.

Referencia
Viscott D. (1997). El lenguaje de los sentimientos. Editores Emece, Barcelona.


mfernandez@cayey.upr.edu
Revisado enero 2002

 

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